- El proyecto es encabezado por la investigadora Neftalí Rojas Valencia.
Durante años han sido vistos como una plaga por atacar granos como frijol y maíz, pero hoy los gorgojos se han convertido en aliados inesperados de la ciencia. Investigadores del Instituto de Ingeniería (II) de la UNAM utilizan las larvas de estos insectos para evaluar si las bolsas de plástico que se comercializan en México realmente son biodegradables o compostables.
El proyecto es encabezado por la investigadora Neftalí Rojas Valencia, quien desarrolló una técnica innovadora, rápida y de bajo costo que no requiere equipos sofisticados, reactivos químicos ni personal altamente especializado. El método se basa en algo tan simple como eficaz: observar qué sucede cuando las larvas consumen las bolsas y analizar lo que expulsan después.
Una técnica rápida que reduce años de espera
A diferencia de los métodos tradicionales, que pueden tardar de tres meses hasta dos años para validar si un plástico cumple con la norma ambiental, la propuesta de la UNAM arroja resultados en apenas ocho días. Esto representa un avance clave para fabricantes que buscan cumplir con la regulación sin frenar su producción.
En el laboratorio, las larvas de gorgojo consumen fragmentos de las bolsas, las digieren y aprovechan algunos de sus componentes como fuente de energía. Posteriormente, los investigadores analizan las heces para identificar cambios en la composición del material, la presencia de metales pesados y otros elementos potencialmente tóxicos. Incluso se ha comprobado que el residuo generado funciona como un buen sustrato para plantas como pasto, cebada, tomate y rábano.

¿Por qué gorgojos y no lombrices?
El equipo también experimentó con lombrices, pero los resultados no fueron tan favorables. Para que estos organismos pudieran ingerir el plástico, era necesario triturarlo y mezclarlo con residuos orgánicos, además de que podían sufrir daños en su piel o sistema digestivo. En contraste, los gorgojos consumen directamente las bolsas sin necesidad de preparación previa, lo que facilita el análisis y reduce riesgos.
Además, las heces de las larvas permiten identificar con mayor claridad si el plástico contiene sustancias peligrosas, algo que resulta más complicado con otros organismos. Este enfoque convierte a los gorgojos en una herramienta eficaz para distinguir entre bolsas biodegradables, compostables y aquellas hechas únicamente con hidrocarburos.
Biodegradable no es lo mismo que compostable
Uno de los hallazgos clave del estudio es la diferencia entre ambos conceptos. Las bolsas biodegradables suelen contener aditivos que aceleran su desintegración, pero al final del proceso pueden quedar fragmentos visibles y no son aptas para composta. En cambio, las bolsas compostables están hechas con resinas de origen vegetal, como almidón de maíz o yuca, y se degradan por completo bajo condiciones de compostaje.
La técnica desarrollada por el Instituto de Ingeniería ya cuenta con una solicitud de patente ante el IMPI y obtuvo el tercer lugar en el Programa para el Fomento al Patentamiento y la Innovación de la UNAM. Con este impulso, el equipo ahora investiga qué bacterias y enzimas presentes en el tracto intestinal de los gorgojos hacen posible la degradación del plástico.
Más allá del avance científico, la investigadora subraya un mensaje clave: el mejor residuo es el que no se genera. Reducir el uso de bolsas de plástico y elegir productos realmente biodegradables o compostables sigue siendo la acción más efectiva para disminuir el impacto ambiental.