- La flor de cempasúchil es mucho más que un adorno; es un patrimonio cultural intrínseco a la celebración del Día de Muertos.
La vibrante flor de cempasúchil, símbolo inconfundible de nuestras ofrendas para el Día de Muertos, no solo ilumina el camino de las almas, sino que también enciende la economía del Estado de México. La Secretaría del Campo prevé una derrama económica de mil 991 millones de pesos por la venta de esta emblemática flor durante la temporada, consolidando su importancia cultural y financiera.
El Estado de México se erige como un pilar fundamental en la producción nacional de cempasúchil, con mil 937 hectáreas dedicadas a su cultivo. Esta cifra lo posiciona orgullosamente en el tercer lugar a nivel nacional, solo superado por Puebla y la Ciudad de México.
Municipios como Atlacomulco, Tenango del Valle, Texcoco y Chimalhuacán lideran este esfuerzo, que año con año florece con la llegada de noviembre. Más allá del cempasúchil, la entidad mexiquense reafirma su liderazgo en la floricultura, con más de siete mil 172 hectáreas cultivadas y un valor de producción que supera los siete mil 883 millones de pesos en flor de corte.
¿Cómo apoya el gobierno mexiquense a los floricultores?
El Gobierno del Estado de México ha refrendado su compromiso con los productores de flores a través del programa "Transformando el Campo". Esta iniciativa integral busca fortalecer la floricultura como una actividad productiva y sostenible, que no solo genera riqueza, sino que también es fuente de orgullo para las comunidades rurales. Los apoyos son variados y estratégicos:
- Se entrega cubierta plástica, material vegetativo y otros elementos esenciales para el cultivo.
- Incluye la dotación de invernaderos y la implementación de sistemas de riego tecnificado, que optimizan el uso del agua y mejoran la eficiencia de la producción.

¿Por qué la flor de cempasúchil es tan importante para la cultura mexicana?
La flor de cempasúchil es mucho más que un adorno; es un patrimonio cultural intrínseco a la celebración del Día de Muertos. Su vibrante color naranja y su característico aroma son elementos esenciales en las ofrendas y altares que millones de familias mexicanas preparan cada año.
Según la tradición ancestral, el intenso color del cempasúchil y su penetrante fragancia actúan como un faro que ilumina el camino, guiando a las almas de los difuntos desde el más allá hacia los altares que sus seres queridos les han preparado, permitiendo así su reencuentro temporal.
Esta flor no solo representa la alegría de la vida por su esplendor, sino también la conexión con la muerte y el recuerdo de aquellos que ya no están, tejiendo un puente entre dos mundos y honrando la memoria de los ancestros.