- Manos mexiquenses perfuman el Día de Muertos en México y el mundo
- La flor que guía el camino de las almas cruza fronteras para vestir los altares en mundo
- Ciudades como Los Ángeles, Houston, Dallas, Chicago y Texas son los principales destinos
En el corazón del sur del Estado de México, el paisaje de municipios como Villa Guerrero, Coatepec Harinas, Tenancingo y Tenango del Valle se transforma cada otoño. Entre surcos dorados e hilos de vapor matutino, la tierra mexiquense vuelve a florecer para dar vida a la tradición más emblemática de la cultura mexicana: el cultivo del cempasúchil.
Esta región florícola es la verdadera potencia del país, al concentrar cerca del 80 por ciento de la producción de flor a nivel nacional. Aunque el cempasúchil es un cultivo de temporada, su impacto trasciende fronteras. Hoy, la flor que guía el camino de las almas no solo adorna las ofrendas del mercado local, sino que cruza la frontera norte para vestir los altares de comunidades hispanas en todo el mundo.

Del sur mexiquense para el mundo: La ruta de exportación
Aunque entre el 95 y 90 por ciento del volumen cosechado abastece el mercado nacional, entre un 5 y 10 por ciento de la producción mexiquense se exporta a Estados Unidos y Canadá.
El secreto para que la flor mantenga su frescura a miles de kilómetros de distancia radica en la logística y la cadena de frío. La cercanía geográfica permite colocar el cempasúchil en territorio estadounidense en apenas 50 a 60 horas.
"Para que la flor aguante dos o tres días de viaje se envía en tráileres con cámara de refrigeración, idealmente a una temperatura constante de 1 a 2 grados Celsius. Se le saca el calor de la planta para extenderle la vida útil: así, en lugar de durar cinco días, al consumidor le dura de 10 a 12 días", enfatiza el productor Guadarrama Montero.
Ciudades como Los Ángeles, Houston, Dallas, Chicago y diversos puntos de Texas son los principales destinos de esta emblemática flor. Una red logística de empresas intermediarias adquiere la producción a pie de milpa en comunidades como El Progreso Hidalgo en Villa Guerrero y San Francisco Putla en Tenango del Valle para trasladarla al norte.

Mientras el cempasúchil mexiquense abastece también a grandes plazas nacionales como Toluca, Guadalajara, Culiacán, Monterrey, Oaxaca, Veracruz y la Central de Abasto de Iztapalapa, miles de tallos frescos continúan su viaje hacia el norte. Gracias al esfuerzo de los agricultores del Estado de México, el aroma inconfundible del cempasúchil seguirá recordando a los mexicanos —dondequiera que estén— que nunca se olvida a quienes ya se han ido.
Orgullo, identidad y sustento de familias
El impacto social y económico del cempasúchil en el Estado de México es monumental. En la comunidad de San Francisco Putla, por ejemplo, la actividad genera un dinamismo que sostiene a comunidades enteras.
Cinthya Guadalupe García Ramírez, cuarta regidora de Tenango del Valle, señala que solo en esa zona existen alrededor de 400 productores que cultivan más de 200 hectáreas de cempasúchil, alhelí y crisantemos.
"Generamos una derrama económica bastante amplia que beneficia a muchas familias durante meses, no solo por la temporada. Además, nos da identidad; es un orgullo en el que se involucran hijos, nietos y familias enteras", resalta.

A nivel local, las jornadas de corte inician desde el 28 de octubre y se extienden hasta el 2 de noviembre. Cuadrillas compuestas por hombres, jóvenes y mujeres trabajan desde las ocho de la mañana bajo el sol mexiquense para empaquetar manojos cuyos precios a pie de milpa oscilan entre los 50 y los 100 pesos, según el tamaño.
Pasión y técnica para la producción
El milagro del cempasúchil arranca meses antes de que la fiesta de muertos llene las calles. De acuerdo con Abel Tapia Flores, productor de la región, la preparación del suelo inicia con tres meses de anticipación para garantizar un ciclo exacto de cosecha a finales de octubre.
"Es como todas las plantas: una flor dócil que, si uno la estudia y le pone interés, se deja cultivar. La tierra del sur es completamente apta, tanto para flor de corte como para flor en maceta", detalla el productor.
Por su parte, José Luis Guadarrama Montero, productor del Ejido de la Finca en Villa Guerrero, recuerda que el proceso exige disciplina estricta.
"Se germina la semilla el 30 de agosto; de ahí fue al invernadero, pasaron 15 días y se realizó el trasplante. Después vienen los cuidados: fumigar, recortar, regar y abonar. A los dos meses y medio la flor está lista para el corte", explica.
Mantener viva la memoria del país
Para los campesinos, sembrar cempasúchil va más allá de un simple negocio agrícola: es un acto de amor a las raíces y a los connacionales que viven lejos de casa.
"Sembramos con cariño y tratamos de poner lo mejorcito para exportar", expresa Felipe Manjarrez Andrade, productor de San Francisco Putla.
El sentido de identidad no se pierde con la distancia; por el contrario, echa raíces allá donde se llevan las comunidades mexiquenses. Sobre este lazo cultural que perdura a través del tiempo y la distancia, los productores comentan: "Se va para los paisanos que hay allá y que saben cómo es la tradición. Queremos que sientan que consumen producto de su país y que la tradición siga adelante", detalla.
Mantener la exportación es sinónimo de continuar difundiendo la tradición, tal y como lo detallan los productores como Felipe “Se exporta a Estados Unidos para que sigan las costumbres y se vaya abriendo más el mercado y la tradición que siga adelante, porque sino sembramos se va perdiendo la tradición, queremos que siga la tradición para adelante”.
La tradición cruza fronteras y se mantiene viva gracias al arraigo de quienes migran. Como bien señalan los productores locales: “Afortunadamente tenemos muchos paisanos en Estados Unidos que siguen estas creencias, esta flor es por tradición, entonces, mientras haya personas en Estados Unidos que sean de aquí de México esta tradición va a seguir por muchos años”, precisa el productor de Vila Guerrero José Luis Guadarrama.