- Aunque en un inicio se prometió que el problema sería temporal, el nivel del agua no ha bajado de manera significativa.
Por: Arturo Callejo
Desde hace cuatro meses, decenas de familias en la comunidad de Santa Cruz Chignahuapan, en el municipio de Lerma, viven entre aguas negras sin que exista, hasta ahora, una solución definitiva por parte de las autoridades. Viviendas, parcelas y animales de traspatio han quedado bajo el agua, provocando pérdidas totales y una emergencia sanitaria creciente.
La inundación comenzó el 16 de septiembre, cuando un sistema de drenaje colapsó y las aguas residuales provenientes de municipios vecinos comenzaron a invadir la zona. Aunque en un inicio se prometió que el problema sería temporal, el nivel del agua no ha bajado de manera significativa.
“Desde el 16 de septiembre empezamos a estar inundados, se destapó y se nos vino el agua y hasta la fecha, mire, todavía no se va”, relató María de Jesús, una de las vecinas afectadas.
Las marcas de la inundación —que alcanzó hasta un metro de altura— siguen visibles en las paredes de múltiples viviendas. En el interior, la humedad persiste y los daños materiales son irreversibles.
“Se nos murieron animales, gallinas, conejos, patos… los muebles se echaron a perder: estufas, camas, roperos”, añadió la afectada.

¿Qué provocó que las aguas negras inundaran la comunidad?
De acuerdo con los habitantes, el problema se originó cuando dejaron de funcionar las bombas enviadas por la Comisión Nacional del Agua (Conagua), encargadas de drenar la zona. Señalan que de cuatro bombas que operaban de manera permanente, actualmente solo una sigue funcionando, lo que resulta insuficiente para desalojar el agua acumulada.
La consecuencia fue inmediata: aguas negras comenzaron a estancarse en calles, patios y terrenos agrícolas, afectando a más de 70 familias.
“Mucha gente se salió porque se hundieron sus casitas, estuvo muy feo”, contó Lorenzo Esquivel, quien también perdió parte de su patrimonio.

¿Cómo impactó la inundación en la producción agrícola y la salud?
El daño no se limita a las viviendas. Los cultivos quedaron completamente bajo el agua, provocando pérdidas del 100% en la producción agrícola, una de las principales fuentes de sustento de la comunidad.
“Yo sembraba habas y ahorita no hay nada; ya hubiera salido la cosecha. Estoy piscando una milpa y el agua me llega a los pies”, explicó Lorenzo Esquivel.
Además del impacto económico, los riesgos sanitarios se han incrementado. El agua estancada presenta tonalidades verdosas, proliferación de moscos y olores fétidos, lo que ha derivado en enfermedades estomacales y respiratorias, según denuncian los vecinos.
Mientras tanto, las familias continúan esperando una intervención efectiva que permita drenar la zona, reparar el sistema y evitar que la crisis se prolongue aún más. Para Santa Cruz Chignahuapan, el tiempo pasa, pero el agua —y el abandono— siguen ahí.