• Las tortugas enfrentan riesgos elevados tanto de plásticos duros como blandos.

La cantidad de plástico necesaria para causar la muerte de animales marinos es mucho menor de lo que se pensaba. Así lo demuestra un amplio estudio internacional encabezado por Erin Murphy, de Ocean Conservancy, que analizó más de 10.000 necropsias de aves, mamíferos y tortugas marinas realizadas entre 1900 y 2023. Los resultados, publicados en las Actas de la Academia Nacional de Ciencias (PNAS), ofrecen por primera vez umbrales cuantitativos precisos que pueden guiar nuevas políticas ambientales.

¿Cuánta cantidad de plástico es suficiente para causar la muerte de un animal marino?

El modelo estadístico utilizado por el equipo de Murphy vinculó la probabilidad de muerte con el número y el volumen de los plásticos ingeridos. La investigación reveló que en aves marinas solo seis trozos de plástico del tamaño de un guisante pueden resultar mortales, y en especies sensibles, como los frailecillos atlánticos, menos de tres piezas de caucho pueden ser suficientes para provocar su fallecimiento.

En términos generales, los umbrales letales identificados son:

  • Aves marinas: 23 piezas de plástico o 0,098 cm³ por centímetro de longitud.
  • Mamíferos marinos: 29 piezas o 39,89 cm³ por centímetro.
  • Tortugas marinas: 405 piezas o 5,52 cm³ por centímetro de caparazón.

Las diferencias entre grupos se amplían al analizar los tipos de materiales: el caucho es especialmente peligroso para las aves; los plásticos blandos y aparejos de pesca afectan gravemente a mamíferos marinos; y las tortugas enfrentan riesgos elevados tanto de plásticos duros como blandos.

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¿Qué revelan los datos sobre las especies afectadas y las consecuencias ecológicas?

La mitad de los ejemplares analizados pertenecía a especies amenazadas, vulnerables o en peligro, lo que acentúa la gravedad del problema. La ingestión de macroplásticos afecta ya a casi 1.300 especies marinas, y la mortalidad aguda por daños gastrointestinales ha sido documentada en aves, mamíferos y tortugas.

Los investigadores señalan que estos umbrales representan únicamente el riesgo de muerte aguda, dejando fuera otros impactos subestimados como la desnutrición, la disminución de capacidades motoras, la toxicidad química y los enredos con plásticos. Además, la ausencia de datos completos en algunos casos y el hecho de que la muestra provenga de animales ya enfermos o varados implica que los riesgos reales pueden ser aún mayores.

Kara Lavender-Law, experta de la Sea Education Association, valoró el trabajo como “una mirada realmente sistemática y cuidadosa”, destacando su importancia para prever impactos futuros. Aunque la conversación pública ha girado hacia los microplásticos, los macroplásticos siguen siendo —subraya— una amenaza extrema para la vida marina.

¿Qué acciones urgentes propone la comunidad científica ante estos hallazgos?

Erin Murphy remarca que los datos del estudio deben servir para impulsar políticas más estrictas en torno a la producción, gestión y regulación de plásticos. “La ciencia es clara. Necesitamos reducir la cantidad de plásticos que producimos. Necesitamos mejorar la recolección y el reciclaje, y limpiar lo que ya existe”, declaró a AFP.

El análisis permite identificar materiales con riesgo particularmente alto —como globos, bolsas y aparejos de pesca— que requieren normas específicas.
Los autores esperan que estos umbrales precisos fortalezcan los programas de monitoreo y respalden estrategias globales para reducir la contaminación marina, una problemática que, según la OCDE, sigue creciendo: en 2019, seis millones de toneladas de plástico llegaron a mares, ríos y lagos.

La contaminación plástica continúa siendo una amenaza de gran magnitud para la vida silvestre, y los riesgos identificados por el estudio probablemente sean apenas una parte visible de un problema mucho mayor.