Con la convicción de comenzar de nuevo y los ánimos de recuperarse de un golpe brutal, ordenar la vida propia y hacer algo más por la seguridad y protección de las personas amadas y, desde luego del patrimonio, para el pueblo venezolano en sus primeras horas post desastre, las secuelas de un doble terremoto de 7.5 y 7.2 grados y el saldo de miles de personas fallecidas y múltiples daños en la infraestructura, surge una pregunta: ¿Quién se hará cargo de los daños? ¿Cómo gestionarlos? ¿A quiénes o a qué se le da prioridad?
Aunque la ayuda humanitaria se activó en el primer minuto posterior a los hechos de emergencia, reiniciar con la novedad de que tu casa no puede continuar siendo habitada por riesgo estructural o que se hizo escombros, no sólo es la peor noticia del año, sino el inicio de un proceso en extremo difícil de recuperación que pondrá a prueba las capacidades de las familias afectadas y de la autoridad local, en un primer momento; posteriormente, el gobierno nacional ejecutará algún programa de restablecimiento y reconstrucción para casos de emergencia o desastre, el cual seguramente tendrá recursos extraordinarios para su inmediata aplicación.

Con el paso de las semanas, durante este nuevo ciclo se irán acumulando acontecimientos indeseables y la ruleta de la fortuna se irá con sus desgracias a otro país, materializándose en incendios forestales, inundaciones, accidentes industriales, más sismos, derrumbes… Será el tiempo y espacio menos esperado donde otra desgracia descargue sus efectos y, un nuevo ciclo de respuesta ponga en marcha la ayuda a las personas irremediablemente afectadas.
¿Si las emergencias y desastres son cíclicos y obedecen a una agenda anual y mundial de riesgos por qué no atenderlos de la misma forma? De manera programática, prever, prevenir, mitigar y prepararse ante la posibilidad de una emergencia es la forma más inteligente y necesaria de garantizar la seguridad y protección de todo y a quienes amamos. Además no es nuevo, desde que el hombre caminó erguido y descubrió el fuego, se ha visto obligado a afrontar la adversidad, pues, nos guste o no, los accidentes y desgracias suceden, sólo hace falta aceptarlo, comprenderlo y, sobre todo, gestionarlo.

Se busca que la resiliencia sea la cualidad que cada vez más personas incorporen a sus vidas. Esa capacidad de resistir, adaptarse, transformarse y recuperarse de los posibles efectos de una emergencia o desastre, de manera oportuna y eficiente. ¿Qué haremos en México para nuestro propio beneficio tras la experiencia venezolana? Reducir la velocidad al conducir todos los días; implementar la Mochila de Emergencia en casa y actualizar su Plan de Emergencia en el Trabajo es el mejor comienzo. Esto es también protección civil. ¡Feliz fin de semana!
Hugo Antonio Espinosa
Funcionario, Académico y Asesor en Gestión de Riesgos de Desastre