• La distimia comparte síntomas con el trastorno depresivo mayor.

Sentir tristeza en ciertos momentos de la vida es una respuesta humana natural ante la pérdida o el desánimo. Sin embargo, cuando este sentimiento no desaparece y se instala de forma continua, podría no tratarse de un simple estado de ánimo, sino de distimia, una condición clínica conocida actualmente como trastorno depresivo persistente.

De acuerdo con la Dra. Diana Patricia Guízar Sánchez, académica e investigadora de la Facultad de Medicina de la UNAM, la distimia comparte síntomas con el trastorno depresivo mayor, pero con la característica de prolongarse en el tiempo. Manifestaciones como ánimo decaído, cansancio constante, baja autoestima, alteraciones del sueño, falta de concentración y cambios en el apetito pueden instalarse en la vida cotidiana de una persona durante dos años o más.

Este padecimiento no surge por una única causa, sino por la combinación de diversos factores. Entre ellos destacan los antecedentes familiares de depresión, vivencias traumáticas o situaciones de violencia, rasgos de personalidad como el perfeccionismo y la autocrítica, así como etapas de vulnerabilidad biológica, como la adolescencia o la menopausia.

Diagnóstico y tratamiento: El camino para superar el estigma de la depresión persistente

El primer paso para abordar la distimia es acudir con un especialista que realice un diagnóstico preciso para evaluar la intensidad de los síntomas. La primera línea de atención suele ser la psicoterapia, la cual, en varios casos, se combina con tratamiento farmacológico antidepresivo. Bajo este enfoque integral, los pacientes pueden comenzar a notar mejorías significativas entre la tercera y la sexta semana de tratamiento.

Para potenciar la recuperación, los expertos recomiendan acompañar el proceso médico con hábitos de autocuidado, tales como:

  • Mantener una rutina de ejercicio físico regular.

  • Cuidar la alimentación y la higiene del sueño.

  • Contar con una red de apoyo y dar seguimiento continuo a la terapia.

Un pilar fundamental en el manejo de este trastorno es eliminar los estigmas y las etiquetas personalizadas. Quienes viven con distimia frecuentemente se catalogan a sí mismos como personas "flojas", "negativas" o "distraídas", cuando en realidad están experimentando los síntomas de una condición médica tratable. Reconocer la tristeza persistente como un problema de salud es el paso decisivo para dejar de lado la culpa y buscar la ayuda profesional adecuada.